¿La marihuana es mala para tu cerebro?

En 1970, la marihuana se definió como droga de clasificación 1 en EE. UU., la clasificación más restrictiva, pasando a ser totalmente ilegal y sin ningún uso medicinal reconocido. Este punto de vista se mantuvo durante décadas, impidiendo la investigación sobre los mecanismos de la droga y sus efectos.

Hoy en día, los beneficios terapéuticos de la marihuana son ampliamente reconocidos y algunos países han legalizado su uso médico o están en proceso de hacerlo. Pero el creciente reconocimiento de su valor medicinal no responde a la pregunta: ¿es el uso lúdico de la marihuana perjudicial para el cerebro?

La marihuana actúa en el sistema cannabinoide que tiene receptores distribuidos por el cerebro y por el cuerpo. El cuerpo posee unas moléculas llamadas endocannabinoides, que actúan sobre estos receptores. No entendemos el sistema cannabinoide en su totalidad, pero posee una característica que nos da la clave de su funcionalidad.


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La mayoría de los neurotransmisores viajan de neurona en neurona propagando un mensaje a través de la sinapsis. Pero los endocannabinoides viajan en dirección opuesta. Cuando un mensaje pasa de una neurona a la siguiente, la neurona receptora libera endocannabinoides. Estos hacen el recorrido contrario hasta la neurona emisora proporcionándole información de la neurona receptora.

Esto hace pensar a los científicos que el sistema endocannabinoide sirve principalmente para modular otro tipo de señales, amplificándolas y disminuyéndolas, según los casos. La retroalimentación de los endocannabinoides ralentiza el ritmo de las señales neuronales esto no implica que necesariamente ralentice el movimiento o la percepción. Por ejemplo, ralentizar una señal que inhibe la capacidad olfativa podría, de hecho, intensificar los olores.

La marihuana contiene dos componentes activos principales, tetrahidrocannabinol o THC, y cannabidiol o CBD. Al THC se le atribuyen principalmente los efectos psicoactivos de la marihuana sobre el comportamiento, la cognición y la percepción, mientras que el CBD es responsable de los efectos no psicoactivos.


Al igual que los endocannabinoides,el THC ralentiza la transmisión de señales al unirse a los receptores cannabinoides. Pero se une simultáneamente a todos los receptores de este extenso sistema, mientras que los endocannabinoides se liberan en un lugar específico como respuesta a un estímulo concreto.

Este radio de acción tan amplio junto con el hecho de que el sistema cannabinoide afecta indirectamente a muchos otros sistemas significa que la química cerebral, la genética y las experiencias de cada persona determinan en gran medida los efectos de la droga. Esto se da en mayor medida en la marihuana, ya que otras drogas afectan un único circuito o algunos específicos.

Así que los efectos dañinos, si los hay, son muy distintos en cada persona. Y aunque no sabemos de forma precisa cómo la marihuana produce sus efectos nocivos, hay claros factores de riesgo que aumentan la probabilidad de que la gente los sufra.

El factor de riesgo más claro es la edad. En menores de 25 años, los receptores de cannabinoides presentan mayor concentración en la materia blanca, que en mayores de 25 años. La materia blanca actúa sobre los procesos de comunicación, aprendizaje, memoria y emociones. El uso frecuente de la marihuana puede alterar el desarrollo de los surcos de la materia blanca, y dañar la capacidad cerebral de crear nuevas conexiones. Esto puede dañar las capacidades de aprendizaje a largo plazo y de resolución de problemas.

Por ahora, se desconoce cuán severo puede llegar a ser el daño, o si es reversible. E incluso entre los jóvenes, el riesgo es mayor cuanto menor es la edad. Por ejemplo, es mayor en un joven de 15 años que en uno de 22.


La marihuana también puede causar alucinaciones y delirios paranoicos. Conocida como psicosis cannábica, los efectos disminuyen normalmente cuando se deja de consumir marihuana. Pero en casos aislados, la psicosis no disminuye, sino que desenmascara un desorden psicótico permanente. Los antecedentes familiares de desorden psicótico, como la esquizofrenia, son el factor de riesgo más claro, aunque no el único.

La psicosis cannábica también se da más entre adultos jóvenes, aunque cabe señalar que, de todas formas, estos desórdenes suelen revelarse en este rango de edad. Lo que no está claro es si el desorden psicótico habría aparecido sin el consumo de marihuana; o bien la marihuana lo dispara antes de tiempo y es un catalizador para un punto de inflexión que no se habría desencadenado sin ella, o bien si la reacción por el uso de marihuana indica simplemente un desorden subyacente.

Con toda probabilidad, el efecto de la marihuana difiere de unos a otros. Igual que ocurre con otras drogas, a cualquier edad, el cerebro y el cuerpo se vuelven menos sensibles a la marihuana, con el consumo continuado, lo cual implica que hay que ingerir mayor cantidad para lograr los mismos efectos.

Afortunadamente, y no como sucede con otras drogas, no hay riesgo de morir de sobredosis de marihuana, e incluso un consumo exagerado no provoca síntomas de abstinencia debilitantes o potencialmente mortales si se deja de consumir. La marihuana provoca, sin embargo, otros síntomas de abstinencia más sutiles, como trastornos del sueño, irritabilidad y carácter depresivo que desaparecen a las pocas semanas de dejar de consumir la droga.

Así que ¿es la marihuana dañina para el cerebro? Depende de quién seas. Pero, si bien hay factores de riesgo que son fáciles de identificar, otros no se conocen completamente, lo que implica que siempre está la posibilidad de sufrir efectos negativos, incluso aunque no tengas ninguno de los factores de riesgo conocidos.

Fuente: TED-Ed. Traductor: Almudena Torrecilla. Revisor: Sofía de la Canal.

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